Esto es un resumen sobre el materialismo histórico de Marx, dividido en tres partes, la alienación económica, social y la ideologia.
El materialismo histórico (llamado por Marx “método dialéctico”) quiere ser una teoría científica sobre la formación y desarrollo de la sociedad. Mediante una teoría económica, histórica y filosófica intenta descubrir las leyes que rigen el cambio social y presenta un método para la interpretación de los conflictos sociales y, en esa medida, para cambiar la sociedad. Su tesis principal consiste en afirmar que son las bases económicas y los modos de posesión de los bienes materiales el fundamento de toda estructura y transformación social. El motor del cambio y la base de toda estructura social no son las voluntades individuales de las personas, ni las ideas, ni la voluntad divina, sino lo material, las necesidades económicas y los intereses económicos de los distintos grupos sociales. Con esta forma de materialismo, Marx se enfrentó al “materialismo teórico” de Feuerbach y al idealismo de Hegel, destacando en ambos casos que para entender al hombre y su historia, es imprescindible el estudio de las condiciones económicas y sociales en las que vive.
1. La alienación económica
Para comprender la situación de los oprimidos en toda sociedad de explotación (esclavista, feudal, capitalista) emplea Marx el concepto de alienación (enajenación, extrañamiento). Toma esta noción de Hegel, que la había utilizado para explicar el proceso por el cual la Idea pone la Naturaleza, es decir se pone a sí misma como lo absolutamente otro, se enajena. Marx hace una interpretación materialista de dicha noción puesto que, para él, el sujeto de la alienación no es el Espíritu o Dios sino el hombre, y la causa de la misma no es teológica sino económica y política: la alienación es la condición histórica en la que se encuentra el hombre consecuencia de la propiedad privada de los medios de producción. La propiedad privada aliena al hombre porque lo transforma de fin en medio, de persona en simple instrumento para la producción, ignorando sus necesidades, exigencias y dignidad. En el sistema de producción capitalista el hombre se hace cosa, mercancía, usada por el propietario de los medios de producción como un simple instrumento más en la cadena de producción de bienes. En el trabajo, el hombre se enajena, no es dueño, de sus propias facultades creadoras ni de los objetos de su trabajo, que se convierten en seres ajenos y llegan a dominarlo. La preocupación esencial de Marx no fue la desigualdad en la riqueza sino la liberación del hombre de un tipo de trabajo que lo transforma en cosa y lo convierte en esclavo de las cosas. Su crítica de la sociedad capitalista se dirigió principalmente a su modo de producción: Marx suponía que la enajenación del trabajo, aunque existente a lo largo de toda la historia, alcanza su cima en la sociedad capitalista y que la clase trabajadora es la más enajenada. Marx no se limitó a reivindicar la emancipación de la clase trabajadora, sino que buscó la emancipación general del ser humano, y la creación de un orden social en el que el hombre, y no la producción de cosas, sea el fin.
2. Alienación y estructura social
El materialismo histórico entiende que el hombre es un "ser de necesidades", desde las más elementales como la comida, la ropa, la casa, hasta las más refinadas como las culturales. El “trabajo” o “actividad productiva” crea los bienes necesarios para la satisfacción de dichas necesidades, y constituye la actividad principal del hombre y la base de toda vida social, de su organización y de su historia. La producción de bienes está condicionada por "las fuerzas productivas" (las riquezas naturales y los conocimientos y las técnicas utilizadas en la producción). A un determinado estado de desarrollo de las fuerzas productivas, corresponde un tipo concreto de "relaciones de producción" (relaciones entre los hombres con miras a la producción). Las relaciones de producción son "relaciones de propiedad", relaciones de trabajo entre propietarios de las fuerzas productivas y no propietarios, entre "explotadores y explotados" entre clase dominante y clase dominada. Según el modo de producción y las relaciones sociales que de él se derivan, así será la estructura social. Las clases sociales quedan definidas por las relaciones económicas entre las personas: son la expresión de la propiedad o no de los medios de producción y de la capacidad adquisitiva. En las sociedades clasistas, una de las clases será explotadora y otra, la compuesta por los trabajadores, la explotada; así en la Antigüedad había amos y esclavos; en la Edad Media señores y siervos, y en la Edad Moderna capitalistas (burguesía) y proletarios.
3. Alienación e ideología
El marxismo afirma que la base real de la sociedad es la base económica, los medios y las fuerzas de producción (la infraestructura); mantendrá también que a consecuencia de la alienación económica las organizaciones políticas, jurídicas y las concepciones del mundo (religiones, moral, ciencia, filosofía, arte) (la superestructura) no responden a una dinámica propia, independiente, sino a los intereses de clase de los grupos que las han creado. En un sentido general, se llama ideología, al sistema de representaciones (imágenes, ideas, conceptos, teorías), con el que la sociedad intenta explicar y describir la realidad. Pero dichas ideas o representaciones pueden hacerlo de un modo adecuado y verdadero, o, por el contrario, de un modo falso, que es precisamente lo que ocurrirá en las sociedades de explotación. Así, en Marx el término "ideología" tiene un significado más restringido y preciso: conjunto de "ideas" que dan una imagen o representación falseada y falsificadora de la realidad y de las condiciones en que se desarrolla la vida de los hombres. Para el marxismo, lo que piensan los hombres, sus representaciones o ideas (su ideología), es un producto de la sociedad en que viven, es "un producto social"; además, la ideología tiene un sentido básicamente negativo, en cuanto "ideas" falsas y falsificadoras; finalmente, los contenidos ideológicos de la conciencia (la religión, la filosofía, la moral, la política, etc.) ni tienen sustantividad propia ni su propia historia y desarrollo.
Puesto que la ideología tiene como función ocultar, deformar o justificar la situación de alienación que el hombre vive en un momento histórico, la crítica marxista de las ideologías es una consecuencia de la crítica más general a la alienación del hombre. Un claro ejemplo de la actitud crítica de Marx ante las producciones ideológicas lo encontramos en sus ideas relativas a la religión: dado que no existe Dios, afirma, la aparición de la religión es una consecuencia de la vida humana, y, de acuerdo con sus planteamientos generales, ligada a la explotación del hombre por el hombre. Para Marx la crítica a la religión es la premisa o preámbulo de toda crítica: la religión es alienación al proyectar al hombre fuera del mundo real finito, único existente, en un mundo ficticio e ideal. Además, la religión no sólo es alienación de cada hombre individual, sino instrumento de la clase dominadora para oprimir a los dominados: primero, al justificar teológicamente la división social que provoca la alienación, la explotación existente; y, en segundo lugar, al ofrecer “paraísos” ficticios en los que los hombres pueden realizar su afán de justicia y felicidad, frenan la posibilidad de rebelión y de su realización en este mundo, el único real y existente (la religión es el “opio del pueblo").
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